El fútbol mueve pasiones y también montañas. Montañas de dinero, por supuesto. Bernd Schuster, legendario futbolista de la selección alemana y del F.C. Barcelona, reconvertido luego en entrenador, entre otros del Real Madrid, fue fichado el mes pasado para dirigir el equipo turco Besiktas, de Estambul, al que también podría incorporarse como jugador Guti. Así pues, sigue la estela de otros entrenadores del fútbol español, caso de Luis Aragonés. El Besiktas ha ganado la liga turca en más de una docena de ocasiones. Schuster sustituye al técnico turco Mustafa Denizli.
Por circunstancias de la vida, el ex futbolista lleva varios años afincado en Salamanca tras conocer a su actual pareja, Elena, natural de esta provincia, con la que acaba de tener una niña "germano-salmantina", Victoria, que supone el quinto vástago del ahora entrenador del Besiktas, quien ya tenía otros cuatro hijos con su primera mujer, Gaby, con la que contrajo matrimonio en 1979.
El fútbol suele ser generoso con los deportistas más destacados, pero exige grandes sacrificios a la familia. Así, la tranquilidad y buena vida de la que gozaban en la provincia charra se ha visto alterada con la repentina necesidad de instalarse en Estambul.
Para que el traslado resulte más llevadero para su pareja, nos cuentan que Schuster, caballero germanoespañol como pocos, se ha propuesto dar una sorpresa a Elena y hacerle más agradable la adaptación a la vida turca invitando a Estambul a unas cuantas de sus mejores amigas salmantinas. Eso sí, confiamos en que Elena no lea estas líneas para no arruinarle la sorpresa.
Quienes conocen al alemán, dicen que es un hombre muy simpático y vital, y extremadamente generoso con quienes le rodean. Y en este caso, como no podía ser menos, la mayor generosidad la tiene con su joven pareja, que acaba de ser madre y necesita todo el apoyo y cariño del mundo para sobrellevar la vida en un país de aires tan diferentes a los salmantinos como Turquía.
Desde aquí les deseamos que a ambos les vaya muy bien en lo personal en esta nueva aventura. Y que Schuster, que es ya tan español como alemán, alcance allí los mayores éxitos deportivos. El muchachote se lo merece.