El alcalde de Ciudad Rodrigo y presidente del PP de Salamanca, Javier Iglesias, jura y perjura por su honor que los cinco pisos que posee los ha comprado con el dinero que ha ganado con el sudor de su frente, es decir, con el sueldo que le han proporcionado ocho años como diputado nacional en el Congreso de los Diputados, cuatro años en el Senado y otros cuatro como procurador en las Cortes de Castilla y León, amén de las sinecuras derivadas de su cargo de alcalde de Ciudad Rodrigo, en el que lleva catorce años.
Iglesias reacciona igual que los dos personajes de su partido relacionados con la trama Gürtel en Castilla y León: Miguel Ignacio González, director general de Deportes de la Junta de Castilla y León, y José Manuel Fernández Santiago, presidente de las Cortes de Castilla y León.
El primero también ha amasado un buen puñado de inmuebles durante su actividad política (no se le conoce otra), incluso en menos años que Iglesias. Él se justificaba diciendo que es un 'rata' en materia dineraria, que por no gastar "no gasto ni bromas". O sea, con buen sueldo y no gastando ni un céntimo se compró los pisitos que tiene por ahí: Salamanca, Madrid de los Austrias, Béjar... Además, ¿es ése todo su patrimonio?
De José Fernández Santiago, del que todavía no ha trascendido su patrimonio, el juez sospecha que pudo recibir una comisión por la adjudicación de la variante de Olleros de Alba, en la provincia de León, según figura en la libreta de anotaciones en la que el segundo de Francisco Correa reflejaba todas las 'mordidas'. En la libreta aparece la T. (presuntamente de Toti, apodo de Fernández), junto a diversas cantidades supuestamente recibidas por el presidente del Parlamento. Este asegura, igualmente por su honor, que esa T. no le pertenece, que la adjudicación fue limpia y que, por supuesto, él no ha recibido ni un céntimo.
Lógicamente, a todos ellos hay que presumirles la inocencia, derecho de todo ciudadano en un país democrático, mientras no se demuestre lo contrario.
Así pues, en lo relativo a Javier Iglesias, de acuerdo con lo que él dice. No es un chorizo que se haya enriquecido con tráficos de influencias ni adjudicando obras por ahí a cambio de que el constructor de turno lo 'engrasara' por detrás con buenos sobres de euros. Sencillamente, ha sabido ahorrar e invertir. Perfecto.
Lo que llama la atención es que un joven como él, con sólo 16 años de trabajo, pueda vivir, desplazarse a Madrid y Valladolid, comer fuera, pagarse un hotel cada vez que anda por ahí, casarse, aportar su parte al matrimonio, disponer de un vehículo de gama alta y comprarse cinco pisos en tan poco tiempo. ¡Esto es lo verdaderamente sorprendente! Porque los demás, las gentes corrientes, con 30 años de trabajo, es decir, el doble que Javier Iglesias, malamente podemos comprarnos un modesto pisito.
Su caso pone de relieve que cierta clase política en este país se lo está llevando crudo de todas las maneras: en unos casos por trapicheos delictivos, y en otros, legalmente, por los sueldazos y dietas que se adjudican.
El país se desmorona pero el patrimonio de muchos políticos goza de muy buena salud. Javier Iglesias trabajaba de auxiliar administrativo en el matadero de un pueblo próximo a Ciudad Rodrigo antes de iniciar su carrera política. Con aquel sueldo, como mucho a día de hoy tendría un humilde pisito y todavía estaría pagando buena parte de la hipoteca.
Moraleja para jóvenes: dedicaos a la política. Por lo que se va viendo, es la mejor carrera. El mundo al revés.