Tras los últimos acontecimientos acaecidos en el Partido Socialista durante este mediático y prolífico fin de semana en Sevilla, donde se ha escenificado la regeneración interna y democrática del partido, una vez concluida la encarnizada batalla por la sucesión del cadáver Zapatero, uno se pregunta si es vicio o quizás virtud de los partidos políticos españoles el encumbrar a viejos líderes para ser redentores de lo males de la sociedad. Todos ellos comparten un mismo sino, el contar entre sus atributos, cualidades y méritos con la característica de ser o haber sido en algún momento ilustres perdedores.
Los casos a nivel nacional son más que sonrojantes para nuestra joven, por abortada, democracia. Felipe González, José María Aznar y el flamante nuevo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, coinciden en su trayectoria política, todos ellos se convirtieron en presidentes de España tras haber sido derrotados en elecciones generales en dos ocasiones. Esta mancha en el expediente, que muchas veces parece olvidarse, sería impensable con la cultura y exigencias morales existentes en otros países. Nadie se imaginaría, por ejemplo, a un presidente de Estados Unidos humillado en las urnas en dos ocasiones para finalmente salir vencedor a la tercera. Allí "el que vale vale" como se dice en el pueblo. La mentalidad protestante reinante, que prima el éxito personal por encima de toda doctrina, culto o credo no hace posible que un político perdedor reincidente sea redimido por los ciudadanos y encumbrado como líder sin tener en cuenta sus fracasos.
Esta concepción de los méritos vitales y el currículum impoluto parece no haber calado nunca en la mentalidad española. Los casos de perdedores convertidos en triunfadores, más por demérito del contrario que por la virtud propia, se han puesto de manifiesto una vez más, para seguir la tradición, en el PSOE.
Tras salir escaldado el 20- N, tras haberse inmolado en una candidatura a presidente del Gobierno conscientemente suicida, Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido designado como nuevo secretario general del PSOE, es decir, como virtuoso vencido pero nuevo mesías del socialismo. El peso de la experiencia, a pesar de un pasado demasiado cargado, de eso, de pasado, le ha bastado al ‘monje de la política’ para derrotar en su duelo fratricida a la incorrupta Carme Chacón, niña bonita del socialismo cuya sonrisa inocente y voluntad demostrada no ha sido suficiente para convencer al cónclave de la rosa. Ahora el místico tahúr socialista ha decidido rodearse de otros perdedores para encabezar su nuevo proyecto político de liderar el PSOE, ya con las manos libres y limpias para hacer y deshacer a su antojo una vez enterrado el ‘zapaterismo’.
Entre ellos el listillo gafillas de la clase, el locuaz y a veces olvidadizo aprendiz, Oscar López, nuevo secretario de Organización del PSOE, a efectos mano derecha del nuevo secretario general y, sí, también duramente derrotado en unas elecciones hace menos de un año. Al igual que la nueva portavoz del PSOE en el Congreso, Soraya Rodríguez, política vallisoletana que sucumbió en las municipales de 2007 ante el gran León. Además, Rubalcaba ha designado a un futuro perdedor, si un milagro electoral no lo evita, José Antonio Griñán, como presidente del partido. Da la casualidad, o no, de que Griñán se medirá el próximo mes de marzo en las elecciones andaluzas con otro gran perdulario, el popular Javier Arenas. En este caso a la cuarta puede ser la vencida.
Como se puede ver Rubalcaba se ha rodeado de grandes vencidos para iniciar la campaña y lanzarse a por el PP en el inicio de la nueva guerra bipartita entre socialistas y populares, menos mal para los primeros que la esperada batalla final por conquistar la Moncloa se vislumbra lejos en el horizonte político. Puede que para entonces persistentes perdedores se conviertan de nuevo en ilustres triunfadores.