Motivo de disputa y de unión, poder divino que va más allá de la riqueza pues a opulentos y menesterosos conjura por igual. Cómo no arrojarse a sus garras sin vacilación si la realidad fustiga con el látigo del infortunio a todo humilde ser anhelante de dicha en este orbe maldito por el pérfido mortal.
Desde tiempos inmemoriales ha acompañado al hombre en el triunfo y la coronación, en la caída y en todo tipo de celebración. Desde el más dócil campesino hasta el más vil señor se han visto llamados por su fresco aroma y han caído en el deleite de su sabor. Fiel consejero de mortales y dioses siempre escucha las plegarias del que precisa un oído amigo, un hombro en el que secar las plañideras que provoca el propio existir.
Cómo no va a anhelar el elixir que quita desvelo y preocupación el tierno bisoño al que la crónica vital ya le narra continuas desventuras desde que puso pie en tierra, desde que exhaló su primera bocanada de aire viciado por la codicia miserable de quien solo ansía el vil metal.
Maestro de ceremonias, iniciador en la inútil supervivencia, testigo de insignificantes pero irrenunciables éxitos, indiferente ante estrepitosos fracasos nos acompaña hasta el fin de nuestros días y no nos desasiste en la adversidad.
Te rezo mis plegarias con especial fervor ante este tiempo sombrío, con fe de que nos ayudes a volar a otros mundos donde ser libres y lograr escapar de la infamia que hiere sin piedad nuestros frágiles, por inalcanzables, sueños.
Gracias por reunir a viejos camaradas, a los leales en la mesa del recuerdo, de la evocación de los años de inocencia perdida en los que la felicidad no era meta imposible sino camino vivido. Épocas donde devorar el presente era religión impuesta y en las que el futuro tan solo cantos de sirena a los que era mejor ignorar.Conversaciones hasta que el sol calienta y la ciudad despierta, parrafadas con sabia reflexión que se lleva el viento de la incomprensión, férreas disputas bajo focos intermitentes por una razón que nadie conquista a pesar de elevar la voz.
Qué sería del tímido achispado sin el arrojo y osadía que le otorgas para conquistar a la dama deseada, aquella ilusión a la que sin ti tan solo podría admirar preguntándose lo que sería rodearla en eterna carantoña, besarla hasta el amanecer.
Qué sería de nosotros en este mundo de violentos tiranos si no pudiéramos abandonarnos en tus brazos estos días en los que hay que aguantar como insensibles soldados, olvidar por unas horas…creernos por un instante los verdaderos dueños de nuestras vidas, sentirnos poderosos…