Esperpento: Dícese del género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado.
Pues bien, si uno observa la realidad social de nuestro tiempo puede verse inmerso en la obra más dramática del genial actor, la metáfora conceptual de este género teatral basado en el espejo cóncavo y convexo que deforma la figura de todo aquel que osa posar frente a él, devolviendo un reflejo exagerado de la realidad, una imagen que no es otra que la más real, se encuentra hoy más vigente que nunca con actores como nuestro Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y sus ingeniosos ministros comediantes.
Y es que el suspense, la tensión dramática al más puro estilo del teatro esperpéntico parece ser la corrala donde mejor muestran sus tablas los miembros del Ejecutivo español. Así lo demuestra la representación escenificada estos últimos días con la renovación del Plan Prepara para parados de larga duración. Finalmente habrá prórroga de los manidos 400 euros que reciben personas que han agotado todas las prestaciones del Estado, aquellas que se encuentran en el límite de la mendicidad. Pues aunque algunos miren para otro lado este derecho del ciudadano es una ayuda necesaria para la subsistencia del penúltimo eslabón social, no es una limosna.
Esta nada honrosa prestación para el que la percibe alcanza a cerca de 200.000 beneficiarios, en total son 426 euros, lo que haciendo un cálculo a la `cuenta la vieja´ le sale al Estado a 80 millones de euros al mes. Si tal y como anunció Rajoy in extremis este martes 24, un día antes de que finalizara la actual ayuda, se prorroga durante seis meses más supondrá un desembolso de 480 millones de euros. Muy poco si se compara con el monto global de las prestaciones por desempleo que se pagan en nuestro país. Solo en junio España gastó 2.543 millones de euros en este capítulo, de los cuales solo el 3% fueron a parar al Plan Prepara.
¿Pero qué es este plan? Como se ha dicho no debería confundirse con la caridad que se le presta al menesteroso, al miserable al que hay que apartar la mirada a la puerta del convento. No es por tanto una prestación o un subsidio, se trata más bien de un programa de inserción laboral que además del derecho a cobrar los 400 euros durante un periodo máximo de seis meses tiene una serie de obligaciones. Hasta ahora solo pueden acceder parados sin ninguna otra ayuda posible, es por tanto el último colchón para las clases más desfavorecidas antes de tener que recurrir al cartón. No tiene límite de edad y los beneficiarios tienen que comprometerse a seguir un programa de formación especial destinado a la orientación laboral y a la búsqueda activa de empleo.
Hasta la fecha han tenido que recurrir a este programa, creado durante el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, cerca de 500.000 parados y actualmente lo reciben unas 200.000 personas, pues a pesar de su dramática y desesperada situación y hasta que digan lo contrario seguirán siendo eso, personas.
Si finalmente se hubiera suspendido el Plan como parecía intención del Gobierno hasta el último toque de campana, en una muestra de la total falta de consideración hacia los que fruto de las malas prácticas de nuestros salteadores dirigentes están siendo paganos de la crisis económica, social y humana, pues este tipo de desprecio hacia el débil roza ya el ataque a los derechos más básicos del ser humano, a su dignidad y a la propia consideración del parado como persona, los beneficiarios no habrían dejado de serlo por Ley, pero todo aquel nuevo parado que hubiera agotado todas sus prestaciones habría quedado en el limbo del desamparado.
Toda esta incertidumbre creada deja entrever una política velada totalmente encaminada a reducir la cobertura de los sin futuro. Frente a la enfermiza y demagógica verborrea política los datos así lo demuestran: en junio 2.881.000 personas recibieron prestaciones vinculadas al desempleo de los 4.587,000 registrados para tal efecto. Por tanto, el índice de cobertura en España es del 66% de las personas no demandantes de primer empleo. En abril de 2010 la cobertura se situaba en el 79% y en abril de 2012 ya había bajado alarmantemente hasta el 65%, cerca de 14 puntos en 2 años. Todo ello mientras la destrucción de empleo devora nuestro mercado laboral y el paro sigue subiendo.
Otro dato extremadamente preocupante es el de la temporalidad. En abril se crearon 200.000 nuevos contratos con menos de 1 mes de duración. Trabajando un mes de viento en viento es imposible generar derechos laborales en este país. Cómo va a soñar un joven con formar una familia si lo primero por lo que tiene que luchar es por no caer en la pobreza.
La derecha neoliberal está transformando el modelo de convivencia social y lo peor de todo es que lo está haciendo a traición, escudándose en su todopoderosa mayoría absoluta. Solo la presión mediática surgida en los últimos días en la calle y en los propios medios de comunicación ha hecho recular al Gobierno, puede que por miedo a un nuevo desplome en las encuestas y seguro que pensando que ya tendrán tiempo de ir acabando con derechos fundamentales con otra de sus estrategias de política-confusión-engaño, cuando en septiembre la sombra del rescate pueda de nuevo atemorizar a la población y servir de coartada para nuevos y brutales recortes para los de siempre. A pesar de la prórroga anunciada, esta manera de jugar con la esperanza de las personas más desfavorecidas ya es intolerable.
Como muestra la desfachatez de los miembros del Gobierno, con su vicepresidenta a la cabeza cuando decía tan frívola como su sonrisa antes de las vacaciones: “aún no hemos hablado nada sobre el Plan Prepara”. Cómo se pueden ir a la playa sembrando la duda de que iban a eliminar esta prestación cuando miles de personas dependen de ella para algo tan fundamental como llevarse un trozo de pan a la boca. Puede que el actual modelo no sea la panacea, puede que fuese mucho más interesante que el Gobierno invirtiese esta cantidad en fomentar el empleo público para que nadie tuviese que percibir esta mísera cantidad que sin duda no da para vivir. Pues lo que estas personas quieren es trabajar. Aquello del proverbio de: “no le des el pescado, dale la caña para que aprenda a pescar”. Esto sería lo ideal y evidentemente crear empleo no es tarea fácil, por eso se hace vital que mientras se ponen en práctica las políticas necesarias para tal efecto esta ayuda no desaparezca. Sino el mal mayor será miles de personas más abocadas a la mendicidad, victimas de la política de falsa austeridad, con el consiguiente y más que justificado estallido social. Luego se sorprenderán si se asaltan supermercados.
Falta conexión con la realidad. Es una vergüenza que el presidente del Gobierno español se fuese de vacacione sin resolver esta cuestión que afecta a la vida de 200.000 personas desesperadas. Se trata de una total falta de sensibilidad ante los problemas de la gente, muchos de ellos sus propios votantes, que no lo olviden.
Y todo por menos de 1.000 millones de euros al año, el equivalente a subir un punto el impuesto a las rentas más altas o cobrar el IBI a la Iglesia u otros muchos espacios de renta donde recaudar una cantidad que en términos relativos parece ridícula. Por no hablar del rescate a la banca, que no se podría hacer en políticas activas de empleo con 100.000 millones de euros. Pero no, los grandes comediantes, los histriones de nuestro tiempo seguirán manejando los hilos de los votantes sin voluntad a su antojo desde la escena protagonista, mientras el público seguirá sin dar crédito a lo que ve en este espejo del nuevo esperpento.