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| REGIONAL / Opinión / lunes, 02 de julio de 2012 |
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| Por un puñado de dólares |
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A. Muñoz Peribáñez |
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Esta frase que podría encabezar el típico 'western hollywoodiense' podría ser el título de la película que se está rondando desde hace unos meses en España. Sí, como pueden intuir ya me estoy refiriendo al esperpento hecho realidad al que estamos asistiendo con la pugna fraticida y visceral entre Madrid y Barcelona por albergar el complejo de juego y ocio Eurovegas. O lo que es lo mismo, el show del magnate de dudosa condición y pérfida reputación Sheldon Adelson.
¿Quién se llevará el premio gordo, Esperanza Aguirre o Artur Mas? Hagan sus apuestas ¿Quién conseguirá finalmente convertir su comunidad en sede de la mayor ciudad del vicio? No es baladí determinar tal cuestión, pues a parte de los millones y millones de dólares que este cuatrero venido del lejano oeste ha prometido cual Mesías caído del cielo de neón, está en juego algo mucho más importante, algo que no está al alcance de las grandes fortunas que acuden a casinos y ciudades de la perdición como la que se pretende construir de la nada. Me refiero, claro está, al prestigio como ciudad europea que tanto Madrid como Barcelona se labraron durante siglos como unos de los centros de encuentro de la cultura más internacionales y de mayor prestigio del viejo continente.
Ahora el Museo del Prado o la Sagrada Familia, templos de la más alta expresión cultural e histórica tendrán que convivir con casinos, burdeles, locales de mal vivir y todo tipo de mafias y delincuencia organizada. De construirse este macro complejo de ocio de baja calidad intelectual y alta perdición moral, podríamos asistir al traslado de miles de delincuentes, traficantes, proxenetas, etc, de todas las partes del mundo. Con el consiguiente coste tanto económico como de efectivos humanos y policiales que esto llevaría consigo.
Pues bien, Madrid y Barcelona pugnan por coger este tren que supone tirar por la vía rápida y sin contemplación años y años de inmaculada y rica historia por un puñado de dólares. Para ello, por supuesto, todo vale... incluso dinamitar la solidez democrática de todo un Estado y dejar de aspirar a ser un país respetado para convertirnos en un Reino del vicio en el que las leyes están en venta al mejor postor. Todo ello a cambio de algo de inversión económica vendida como la panacea salvadora de la crisis, pero que tendría que demostrar su auténtica rentabilidad. Pues al beneficio en materia de empleo que podría generar este proyecto habría que restarle los gastos en sanidad por ludopatías, violencia, asesinatos, los costes policiales por el aumento de la delincuencia o la pérdida de turistas de calidad espantados por el horror de tamaño despropósito rancio- neoliberal.
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