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| VALLADOLID / Opinión |
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| Tradición España |
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Judith Carrera |
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La pasada semana asistíamos a la rotunda negativa de la vicepresidenta económica, en funciones –ahora todo está en funciones, en suspenso, incluido el gobierno en pleno según algún que otro medio-, Elena Salgado, a una hipotética y siempre presente en la conversación del paisano retorno a la Rubia. Nos dejó huella. Nos acompañó más allá de una centuria, y claro, la conocemos y conoce nuestro carácter.
El espíritu español adolece de una tendencia a la desesperación ante las cíclicas crisis económicas. Véase la devaluación – y sus riesgos-. De esto, salvados estamos. De momento.
Devaluada se mantiene la España monárquica. La Deuda, a días respira y a días tiembla. Mientras, la Monarquía ha encontrado la grieta de la humanidad terrena. Caso Palmarena, renombrado para el morbo y los medios, rosas y rosados, Caso Urdangarín. La Casa Real ha tomado la dramática decisión de apartar al yerno de la imagen pública borbónica.
Ya saben, por conducta poco ejemplar. Ejemplaridad la suya, extraña reacción justificada en las prerrogativas de la Real Familia. Nada que ver con la macha política, donde la silla tiene formado ya un hueco y resulta cuasiimpensable dejar vacio a la espera de un nuevo conocido.
España, ya lo decía Pla, es monárquica. Poco nos importan las gafas de sol del campechano monarca. Queremos Rey. Para nosotros, la República no es sino una merienda de negros utópica y democrática, impuesta por el hombre o por las circunstancias. Somos monárquicos y adoramos la idea de República como si la viéramos en verdad desnuda ante nosotros, dirigiendo nuestros pasos. De ser así, recaeríamos en su prostitución. De cama en cama.
Apreciamos al Borbón, profesamos juancarlismo. Quién sabe si resurgirá un felipismo parejo. Cercano, cada vez más cercano, el tiempo, biológico o personal, del cambio, nominal. En primera instancia nominal. Posteriormente, los hechos decidirán.
Los rumores apuntan a hechos preocupantes. De nuevo, una importación concreta se quiere aplicar a la generalidad. Empleos reducidos como nuestros escasos sueldos, para remontar unos números negativos, que apuntan a un porcentaje de un 22 por ciento de paro. Ya lo decían en campaña. Habrá que apretarse los dientes, que las medidas, urgen difíciles.
El tiempo de las paellas y la pandereta de la España de puro y fiesta. Las celebraciones quedarán para épocas mejores. Épocas de vacas gordas. Burbujas nuevas, burbujas patrias, sabiamente alimentadas de aire y humo.
Grandes cambios se avistan a la vuelta de la esquina, y de la semana. La Constitución aguarda el suave tacto de unas manos poco ajadas, pero cuyas arrugas se remarcarán progresiva e irremediablemente. Diremos entonces que la huella de Moncloa se ha convertido en zanja. A no mucho tardar, me temo.
La próxima semana asistiremos al nuevo comienzo del Mariano monclovita, y desvelará la incógnita del nuevo Gobierno. O no tan nuevo. España no gusta sino de tradiciones y favores.
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| Satur - 19/12/2011 17:42:55 |
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